Sunday, December 24, 2006

“Random”

“No sé que escribir...” decía. Al principio culpaba a la falta de sentido que tenían este tipo de trabajos. Comenzaba con unas líneas decentes, luego arrepentido arrasaba con ellas borrándolas por completo. “...no puedo, ´toy desinspirado...”. El problema real era que ese instante no daba cabida para la inspiración. No era el momento adecuado ni mucho menos la persona. Hay veces donde hay una mayor tendencia, entre los planos de lo creado, a permitir un flujo, pero no quiero aventurarme en mayores explicaciones. Continuemos con el relato.

Fue por una Coca-Cola a la cocina, antes encontró un poco de jugo de frambuesa, el cual le atrajo por su dolor de garganta haciendo la siguiente relación: “si me duele la garganta debo tomar vitamina C, las manzanas tienen vitamina C, que son fruta, y la frambuesa es una fruta. ¡Matanga!”.

Al volver, deteniéndose un momento para apreciar la teleserie, notó que había algo escrito y, pensando que era lo último que tipió, decidió echarle una ultima mirada antes de eliminarlo. Una vez en el asiento la sorpresa fue invadiendo lentamente. En principio solo era un disgusto. Pregunto a su hermana y a su madre si el computador fue ocupado mientras él estaba en la cocina. La respuesta: negativa. Pensó “me están hueveando” cuando empezó a leer detenidamente lo que en la pantalla brillaba y, sin convencerse de lo que examinaba, comenzó a recitarlo en voz alta ““No sé que escribir...” decía. Al principio culpaba a la falta de sentido que tenían este tipo de...” Terminando con “... ¡Matanga!”.

Inquieto preguntó nuevamente a la familia, la hermana lo regaño, reiterando la respuesta anterior, estando enferma y en cama era de esperarse el tipo de actitud. Con su madre, lo mismo. El padre trabajaba, comúnmente volvía a las ocho y media. Ya la preocupación se hacia mas intensa. No lo esperaba. Nunca nadie lo hace. ¿De donde había salido esto?, ¿acaso él en un arrebato de sonambulismo despierto escribió unos párrafos sobre si mismo? Caminando intranquilo de vuelta a la sala sintió el lento y constante respirar electrónico de la máquina, ese zumbido infinito que luego de compartir largos momentos juntos se convierte en un nuevo silencio. Estaban él y el maquinar hueco del computador. Ya la tensión era demasiada como para escribir algo, tendría que seguir al día siguiente en la universidad. Copió lo que había en la pantalla y lo envió a su correo. Por último, de algo le podría servir.

Su hermana le contagió de lo que tenía. Él se sentía horrible, por lo que se acostó con una botella de agua de dos litros, ese era su tratamiento contra-resfriados, o lo que fuere, era por defecto. No le sirvió mucho más que para mantener la boca húmeda durante la noche. A la mañana siguiente se encontraba peor, sentía una piedra detrás de su nariz, un constante raspar en la garganta y respiraba aire caliente. Despertó temprano, involuntariamente. Aprovechó de ducharse y partir a la universidad para terminar el cuento. La mucosidad le molestaba de forma continua cuando iba manejando. En definitiva se sentía pésimo.

Llega a la universidad, va a los computadores, se sienta, abre el correo y baja el archivo. Aún así no podía escribir, la escena del día anterior se repetía: empezaba con algo conciso, y segundos después se retractaba. Ya en verdad poco le importaba la procedencia del texto, lo único que quería era terminar de escribir, hacer un control que le tocaba en el día e irse a casa. Pero no logró nada. Resolvió por ir al baño para sonarse, su nariz estaba haciendo de su día un infierno.

Cuando volvía, un poco más descongestionado, dio cuenta de que estaba perdiendo una clase por intentar de escribir el cuento. No lo lamentó mucho. Cuando se sentó vió un aviso de sistema advirtiendo que el texto era muy largo para ser procesado por el corrector ortográfico. Miro alrededor con desconfianza, maldiciendo a esas personas que se meten en un computador ignorando si está siendo ocupado. Presiono “aceptar” y al instante noto que tenía el mismo nombre que su texto. En un segundo su cuerpo se heló, ya no era impresión, era miedo. En la pantalla se mostraban páginas y páginas de historia, la misma que se escribe ahora. Trataban sobre él, su vida y un poco de lo que venía después. No lo podía creer, fue ahí cuando pensó y al mismo tiempo leyó: “esto no puede ser…”.

El resfrió ya no lo sentía, incluso, cuando observó esa frase, se dio cuenta que realmente era así. La siguiente hora se pasó leyendo lo más que pudo, todo tenía perfecto sentido, supo de cosas nuevas, sucesos tristes, hechos inimaginables y otras cosas que nunca tendrán lugar en material de lectura.

La situación merecía un mejor análisis. Fue por eso que decidió (entre que lo leyó y decidió) copiar las dos primeras paginas y cuarto para pegarlas en el cuento, así, plasmando su nombre en la primera pagina, dejaría un pequeño fragmento de su vida en la oficina de la profesora o quizás lo entregaría a la ayudante. Así podría desligarse de una manera rápida de esa tediosa tarea. El resto lo enviaría a su correo para examinar el archivo más detenidamente por la tarde, de esta manera sabría lo que debía hacer. Aunque sería triste, puesto que no habría mas “random” en su vida. Porque después de todo, ésta se convertiría en un plagio de lo ya escrito.

Saturday, July 29, 2006

¿Cuando?

"¿Cuando algo bestial y mounstruoso puede volver a la precision, a dejar de lado esa estupidez instintiva e incorporarse denuevo en la naturaleza que yace en su mente, en su orden?, porque estais acostumbrados a lo contrario, a que individuos que emanan aires de intelecto se troquen y desliguen hacia el descontrol, a que nobles educados desenvainen en nombre del odio y, una vez en posesion los estoques añorados, queden mancos de lo que fueron, lamentandose con pechos fragiles de su pecado. O quizas gocen de él, obscureciendo de una manera deliciosa el destino que les deparaba la vida limpia, alardeando fortaleza y brutalidad mental dificil de reformar. Acaso es posible retornar de la condena que nos impone un solo echo individual como lo es el ultimar, el acabar, acogotar, acuchillar, ajusticiar, apiolar, apuñalar, decapitar, degollar, despanzurrar, decapitar,destripar, ejecutar, electrocutar, eliminar, envenenar, exterminar, finiquitar, fusilar, guillotinar, linchar, sacrificar, suprimir, depenar y sin olvidar el escabechar. El como escapar a esto y a todas las penas que ello implica es mi secreto, pero estoy dispuesto a compartirlo contigo... si tu compartes algo."

Eso fue lo que me dijo, sonaba convincente a pesar de todo, creo haber aceptado, ya no recuerdo casi nada, ya no siento nada.

Monday, June 05, 2006

Relleno sangriento *(Revista Normal II)

Diego me llama, esta aburrido, el cansancio de la revista le pesa. En sus palabras se nota una ansia por encontrar algo que le sorprenda. No se imagina lo que estoy haciendo. Me pide que escriba un texto corto para la revista. Me interrumpe, tendría que deshacerme de el mas tarde, nadie debía saber, nadie. Conversamos, disimulo lo mas que puedo, la risa nerviosa temblaba mas de mi lado, se quebraba y se fragmentaba. Quise gritar y correr, pero topaba conmigo. ¿Habría sospechado algo?, el teléfono estaba transpirado, no me di cuenta que había colgado. Cuando miro al piso ahí esta ella tirada, desmembrada. Era el mejor corazón que había comido jamás, ahora estaba tendida sin nada que raspar. Mancho toda la pieza cuando cayo, el ketchup no sale, la señora madre se va a enojar. Creo que me enamore de una alcachofa.

Friday, May 05, 2006

En la tierra nadie hablaba, nadie tocaba la bocina, los palos no sonaban al pisarlos, el piar de las aves era simplemente un diminuto movimiento de pico, la musica era muda y la gente se comunicaba con señas. Era como cuando una canción termina subitamente y sientes los oidos expuestos al silencio. Pero claro, sin canción.

Un dia llego Pedro. Él era de afuera. Apenas llego con su familia notaron lo del silencio casi melodico, era bello. Se adaptaron a el lenguaje enseguida.

Pedro era pequeño. Cuando llego al jardin lo primero que quizo, como cualquier niño de la edad, era hacer amigos. Se acerco nervioso a un niño rubio que lo estaba mirando, se veia amistoso e incluso, cuando Pedro saludó tímido con la mano, este otro le respondio efusivamente, moviendo el brazo de una manera que le hacia temblar a su pequeño cuerpo, con una de esas sonrisas sinceras. Pedro se felicito y al acercarse con seguridad le estiro su brazo, como lo hacia su padre, para saludarlo y dijo: "hola!, mi nombre es Pedro, mucho gusto". No se habia dado cuenta que todos los niños que estaban en la sala, revoloteando y hablando con sus madres, habian estado todo el tiempo en silencio. La amigable cara del niño, instantaneamente, se convirtio en un puchero furioso sujetandose los oidos con agonia y gritando mudamente. Todos los otros niños hacian lo mismo. Era como ver los hornos de los campos de concentracion, cuando miraban por la ventanilla veian gente aullando, pero no la oian. Las madres intoxicadas con un temor-odio agarraron al niño y lo metieron a un pequeño cuarto oscuro.

Al dia siguiente la familia de Pedro se fue del lugar.

Thursday, March 30, 2006

El final primero

Al final todos se mueren. Una vez me encontré con ese mensaje al abrir un libro. Hamlet. La predicción era correcta. Y en esta ocasión no fue una excepción.

El hombre había ido al trabajo y , en la calle, mientras encontraba la oscuridad de la penumbra urbana, lo sintió. Se le espasmó el corazón, mas que un dolor logró prevenir que se trataba de un aviso. No aguardó, corrió hacia la casa, salto sobre la barda y se lanzo contra la ventana. La desesperación, que le había inculcado la certeza, era total. Se levanta del piso. Y empezando a gritar los nombres de la familia entraba en las piezas. En la de su hija yacía la cama desecha y un set de pinturas desparramado en el piso. En la de su hijo se veía la cama limpia agarrando polvo. Y en la suya no encontró nada a parte del pijama tendido en el piso del baño. Lo recoge y vuelve hacia la habitación para intentar localizarla por teléfono. No hay respuesta. Incluso el ruido de la vibración se oía dentro de la casa. La tranquilidad era plena, como para calmar un toro. No halló nada mas que esperar. Se ducha, cambia de ropa, limpia los vidrios caídos y empieza a inventar una excusa, repitiendo y corrigiéndose en voz alta, para cuando llegara su señora.

El tiempo se alarga. Llama al trabajo, a los amigos, a sus padres, a los carabineros, mas nadie contestaba. Suelta el teléfono y, sentado en la cama contraído de hombros, logra figurar lo que pasa. El lapso temporal se acelera y sale de la casa, corriendo a mil respiraciones por segundo por el centro de la calle. El ritmo va creciendo hasta llegar a la avenida. Ahí lo ve. El silencio. Una tranquilidad casi suicida. Corre hacia lo alto del paso de nivel, una vez arriba casi llora por lo que veía. Un ejercito de luces estancadas en trafico de las ocho. Millones de autos vacíos que llegaban hasta el horizonte visible. Tal cual como un navío descomunal de barcos asaltado por piratas. Adentro de ellos: corbatas, ternos y vestido tendidos en los asientos. Grita para llamar a alguien, cualquiera. Aterrorizado se preguntaba que habría pasado, lo más de moda eran los terroristas, pero esto era tremendo. Imaginaba extraterrestres, guerras mundiales, todo lo que cualquier película de ciencia ficción hubiera inventado. No le costo acostumbrarse mucho a la idea, ni le pareció eso de traumarse por la ausencia de la sociedad. Lo vio como la oportunidad perfecta para liberarse de todo.

Así partió, empezaba saqueando los supermercados, las tiendas de video, de ropa, bibliotecas, consumiendo todo y entrando a casa con que chocaba. No las robaba, las miraba y analizaba por ocio. Se paseaba en calzoncillo y pantuflas por la ciudad. Andaba en bicicleta en la iglesia, jugaba a los autos chocadores, con autos reales y juntaba armas por si se avecinaba un ataque de zombis.

Un día fue a la oficina con un garrote de metal, y, a medida que pasaba por los cubículos, demolía lo que veía con ese desdén que había adquirido. Ya hacia esto como la rutina que siempre imagino pero que estaba cubierta por la real, la de terno y chupamedias del jefe. De una patada abre la sala de reuniones y, sacando un spray del bolsillo de su bata, comienza a escribir en las paredes y ventanas. "Chupenme el pico" dejo claramente impreso en el ventanal a espaldas de la silla del jefe. Para finalizar se sube a la silla de la cabecera para, después de bajarse los calzoncillos, empieza a defecar sobre la mesa mirando hacia la ventana. Una vez que terminó, al darse vuelta, se le atraganto el aliento, puesto que pudo ver a otras personas haciendo exactamente lo mismo que él. Algunas vestidos de manera similar, otros sin siquiera ropa, otros pintados o disfrazados de mujer. Incluso, en la sorpresa, logro ver mas cosas pintadas en las paredes, declaraciones y garabatos variados, todos con distintos colores. La vergüenza se densifico de una manera grotesca, todos se sentían violados con la mirada y agresivamente mofados con el silencio. Se veían expuestos de una manera intimísima, se sentían penosos y repugnantes. Nadie lo aguanto, se aviolentaron, y, abalanzándose unos sobre otros, todos mataron y murieron. Tenían que morir, porque, bueno, eso sale al principio.

Wednesday, March 08, 2006

Identidad

Ella gritó un hoyo en la cabeza del hombre para poder ver como se le quebraba la mirada de burla. El silencio y unos restos del eco chocaron contra la estreches del callejón mientras la caida hueca del cuerpo se completaba. Esa imagen le recordo a una muñeca de trapo que tenía, tendida en el suelo, inmovilizada por el aire, esparcida y doblada. Solo faltaba el hueco carnoso entre los pomulos y la similitud era total. Policía. Preguntas. Razones. Pedofilia, dijo ella. Libertad. Cuerpo imposible de identificar. Billetera extraviada.