En la tierra nadie hablaba, nadie tocaba la bocina, los palos no sonaban al pisarlos, el piar de las aves era simplemente un diminuto movimiento de pico, la musica era muda y la gente se comunicaba con señas. Era como cuando una canción termina subitamente y sientes los oidos expuestos al silencio. Pero claro, sin canción.
Un dia llego Pedro. Él era de afuera. Apenas llego con su familia notaron lo del silencio casi melodico, era bello. Se adaptaron a el lenguaje enseguida.
Pedro era pequeño. Cuando llego al jardin lo primero que quizo, como cualquier niño de la edad, era hacer amigos. Se acerco nervioso a un niño rubio que lo estaba mirando, se veia amistoso e incluso, cuando Pedro saludó tímido con la mano, este otro le respondio efusivamente, moviendo el brazo de una manera que le hacia temblar a su pequeño cuerpo, con una de esas sonrisas sinceras. Pedro se felicito y al acercarse con seguridad le estiro su brazo, como lo hacia su padre, para saludarlo y dijo: "hola!, mi nombre es Pedro, mucho gusto". No se habia dado cuenta que todos los niños que estaban en la sala, revoloteando y hablando con sus madres, habian estado todo el tiempo en silencio. La amigable cara del niño, instantaneamente, se convirtio en un puchero furioso sujetandose los oidos con agonia y gritando mudamente. Todos los otros niños hacian lo mismo. Era como ver los hornos de los campos de concentracion, cuando miraban por la ventanilla veian gente aullando, pero no la oian. Las madres intoxicadas con un temor-odio agarraron al niño y lo metieron a un pequeño cuarto oscuro.
Al dia siguiente la familia de Pedro se fue del lugar.
Friday, May 05, 2006
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